POLÍTICO, ECONÓMICO Y SOCIAL  
18/12/2015
Cristina-"Isabel": Un final casi con carbónico

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.
La razón en el sentido común”, del escritor español George Santayana.

Por Ricardo Brizuela*
Méjico, 16/02/2015
El gobierno de la doctora Cristina Fernández vda. de Kirchner está protagonizando por estos momentos una remake de los últimos días del gobierno de Isabel Martínez de Perón.

Ambas son herederas de maridos muertos por causas naturales, que ocuparon la presidencia de la República Argentina.

En diciembre de 1975, la entonces presidenta que asumiera después de la muerte de su esposo, siendo ella vicepresidenta, quiso ausentarse de toda la presión que la tuvieron a maltraer en lo que sería el último tramo de su gobierno.

María Estela (Isabel) Martínez Cartas, vda. de Perón, se tomó unos días para alternar con las esposas de los comandantes en Jefe en un lugar de descanso: Ascochinga, un relajado pueblo en las montañas de la provincia de Córdoba.

Hasta esos momentos su gobierno tenía nada de credibilidad, y la sociedad estaba conmocionada por la violencia, los secuestros, las muertes, los atentados  y el temor. Eran tiempos en que militantes del ERP y Montoneros se entretenían en las calles de Buenos Aires, soltando bombas – y no precisamente de estruendos – con destinos marcados, pero con peligrosas consecuencia para inocentes y desprevenidos ciudadanos. Los Montoneros eran entonces la fuerza de choque del peronismo: escuadrones formados por “estúpidos imberbes” – así los denostó el mismo Perón en plaza de Mayo poco antes de morir – que se jactaron de muertes y atentados en una lucha de igual a igual contra las Tres A, el brazo armado (ejecutor) del mismo peronismo.

Ahora, Cristina Fernández vda. de Kirchner (Néstor Kirchner ocupó la presidencia en el período 2003/2007. El 10 de diciembre de 2007 Cristina sucedió en la presidencia a su esposo), después de dos períodos sucesivos en la Presidencia, encuentra que no tiene nada a su alrededor. No hay nadie a quien pedirle consejos. Elije – ella también – alejarse de Buenos Aires. Su destino es el sur, un pueblito llamado El Calafate, donde supo construir un imperio económico. Ella misma se encargó de derribar todos los puentes que la unía a sus colaboradores más próximos y a sus opacos opositores. Nadie de su entorno tiene la capacidad para asumir, al menos, la conducción de una marcha ordenada del gobierno en una transición de la democracia. Su vicepresidente, Amado Boudou, se encuentra él mismo esperando atento porque en cualquier momento el timbre de su puerta puede anunciar a un Oficial de Justicia.  Cristina transita un camino ríspido, sólo de ida, en medio de la noche y en la sinuosidad de una ruta peligrosa: de un lado una pared de piedra, formada por dirigentes sin preparación, y del otro, el precipicio. Cristina busca recuperar fuerzas. 

De la época violenta de Isabel, Cristina heredó a los Montoneros. Son sus principales asesores y su sostén de masas. Es una fuerza integrada en sus cuadros directivos por la segunda y tercera generación de aquellos “estúpidos imberbes” que se mimetizan ahora bajo el nombre de “La Cámpora”, una agrupación peronista cuyo nombre recuerda al ex presidente Héctor Cámpora, al que Perón debió reemplazar después de su renuncia espantado por el asedio  del cerco “aliado” de los padres y abuelos de estos mismos Montoneros que con los gobiernos peronistas de la democracia supieron construir una nueva clase social, diferente, de sólidas fortunas.

En lo económico, los gobiernos de ambas mandatarias fueron marcados por la Crisis del Petroleo: en 1973 por medidas de embargos de la OPEP a los países occidentales que apoyaron la Guerra del Yon Kippur, y en el 2015, como resultado del auto-abastecimiento de Estados Unidos, con la brusca caída del los precios hasta niveles nunca antes alcanzado. El barril pasó de valer u$s 100 a u$s 57 en el 2015.

Así, con este panorama, también a Cristina se le ocurre huir. ¿Hacia dónde? Sólo ella lo sabe. Mientras tanto el poder se atomiza. Con ningún heredero a la vista, sola, le queda Nada. La dinastía Kirchner no tiene herederos. El apellido Perón tampoco.

La diferencia entre estas dos mujeres es que el final no será el mismo.  Cristina no contará con la benevolencia de quienes le permitieron a Isabel tener hoy, a sus 86 años, la protección de un pasaporte como ciudadana española. La suerte de Cristina Fernández estará más ligada a los tribunales de su país, a menos que una jugada “celestial” la invista nuevamente de una coraza, aunque sea con un modesto puesto en el orden internacional que le haga abandonar el 10 de diciembre de 2015 la Presidencia pero arropada con nuevos fueros.

*El autor escribió el libro “Pasajeros de la Historia”, en el que relata entretelones del golpe de Estado de 1976 que desalojó del poder a “Isabel” Perón.

 
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