POLÍTICO, ECONÓMICO Y SOCIAL  
23/12/2015
El golpe, ¿quién lo puede dar?

Por JOSÉ ANTONIO RIESCO*
El uso y abuso de las expresiones “golpismo” y “destituyente” en boca de los primeros niveles del oficialismo tiene, al menos, varias  dimensiones.

La más evidente es que en boca de la Sra. Presidente y sus seguidores de primer nivel (Aníbal Fernández, Jorge Capitanich y ahora Daniel Scioli) no pasa de un artilugio propagandístico. Uno de los campos de la acción psico-política donde, si no se dispone de algo mejor, valen las mentiras y las imputaciones agresivas. Algo así como si un fabricante de manteca, en riesgo de ser desalojado del mercado, acusa a sus competidores de vender un producto cargado con arsénico. La desesperación da para todo.

a) Con la palabra “destituyente” es imprescindible remitir su probabilidad operativa a las instituciones. ¿Quién puede destituir a la Presidente que no sea el Poder Legislativo por la vía del juicio político?

Ocurre que eso sería factible si de las denuncias sobre el caso del negociado ilegal con Irán, hoy en trámite ante el fiscal Pollicita, surgiera una imputación de “mal desempeño en las funciones o delito cometido en el ejercicio de la función” (art. 53 CN).

Pero además se requeriría que la titular del Ejecutivo dejara de contar con la ciega adhesión que a diario le prestan los diputados y senadores kirchneristas. Esa posibilidad –perder los 2/3 hoy en el Congreso– ¿está siendo barajada por los asesores de Cristina? De otro modo lo de “destituyente” es otro de los desatinos verbales del gobierno, a no ser que esté previendo una fisura grave en las lealtades.

Con tal hipótesis –en verdad una duda angustiante en la situación psico-política de la Presidente– se explica la urgencia por recuperar su marca de “popularidad”. Ya lo hizo renovando su habitual estrategia de división de la sociedad mediante la injuriosa carta donde califica de “partido judicial” a la impresionante marcha del 18-F. Y además disponiendo la convocatoria de una manifestación callejera para que la aplauda y ovacione el próximo 1ro. de marzo. Una medida dirigida especialmente, ¿a la propia tropa en el Parlamento?

b) El otro término que llena las fauces del régimen es “golpismo”, es decir, denunciar la gestación de un golpe de Estado detrás de los reclamos de justicia que el 18-F hicieron cientos de miles de argentinos. Sin poner en dudas el alto nivel cultural de que suele preciarse la Presidente (en Harvard y otros escenarios) debería anoticiarse de que en la Argentina los “golpes” de que vale preocuparse, acorde a una reiterada casuística, son los que producen las Fuerzas Armadas una vez consolidado el acuerdo de sus Altos Mandos. La división llevaría a la guerra civil o algo parecido.

Para una intentona de tal tipo sería necesaria que se produjeran en los cuarteles, las bases aéreas o la flota de guerra, una serie de diálogos entre oficiales superiores hasta llegar a una componenda de medios y objetivos. Algo que “cuesta mucho” y cuenta siempre con el riesgo de las defecciones y, peor aún, la delación de algún arrepentido. Por eso lo primero es neutralizar el “servicio de inteligencia” a fin de controlar “los ojos y los oídos” del gobierno o del comando en jefe.

En todo tiempo los soplones y delatores están sostenidos por el “sistema de inteligencia”, un factor que en las condiciones actuales supera ampliamente las más prolijas precauciones de supuestos complotados. Por lo que se sabe, en las unidades  militares reina total pasividad y silencio. “No hay ni habrá fragotes a la vista” es el comentario de cualquier uniformado.

Afirmar actualmente que está en marcha, aún en forma inicial, un golpe de Estado, implica poner en cuestión la eficacia de los actuales altos mandos. O sea al general César Milani y sus colegas de “Inteligencia” que ocupan las posiciones dominantes de la Fuerza. Es de público y notorio que el presupuesto para esas faenas ha sido reforzado con cientos de millones de pesos y que existe un aparato informático de última generación importado de los Estados Unidos. Esto le permite tener al día la más mínima información sobre los que pasa en las tres instituciones armadas sin excluir a las Fuerzas de Seguridad. Salvo que, como ocurrió con los proyectiles del arsenal Fray Luis Beltrán, el equipo se ecnontraba descompuesto. ¿O es que el general Milani dejó de ser el niño mimado de la presidencia? Y esto pese a que se le adjudica ser gestor de un “autogolpe”.

Lo anterior no excluye que, con tales denuncias propagandísticas, el régimen K esté lanzando una cortina de humo para justificar medidas de “emergencia” groseramente anticonstitucionales como sería implantar el estado de sitio a fin de detener a opositores (políticos, periodistas y funcionarios, etc.). O, también, sancionar una ley que declare “en comisión” al Poder Judicial y, por esa vía, desalojar de la jurisdicción a jueces y fiscales “golpistas” y “destituyentes”. Cuando el gato se ve acorralado suele saltar al rostro.
Al parecer, la dama está asustada.
*Instituto de Teoría del Estado

 
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